Recuérdame, si yo lo olvido, el color de tus ojos, tu sonrisa de corsario de los mares del sur. Enséñame a esperarte lejos de este mundo.
Debes comprender que el tiempo pasa dejando heridas profundas, surcos que no se aprecian hasta que no caes en ellos, la memoria caprichosa elige el desdén muchas veces como única opción por eso yo te pido que vigiles mis desvaríos y no permitas que la distancia de la indiferencia nos aleje.
Llámame, búscame, sabes que estaré ahí para ti, o quizá esté aturdida y no te oiga, despiértame, oblígame a escucharte, por que debo hacerlo y lo sabes, sí, sabes tantas cosas que probablemente las hayas olvidado, no es posible retener tanta información inútil, que se acumula en los desvanes de los rincones abandonados.
Arráncame del pecho la pena, el ahogo, cúbreme de besos sinceros, u oblígame a caer ante tus pies y suplicarte un perdón que no te debo y que tampoco mereces.
Sé que estás cerca, se que me piensas, que me hablas desde tu almohada, que me sueñas con los ojos abiertos pero no me llamas
Sabes que te contesto desde un pliegue del alma que se quedó prendido al suelo que un día pisaste para después alejarte. Sabes que recuerdo tus manos en la penumbra de las mías asidas por algún misterio de la luna.
Recuérdame, que en tu pecho dejé la huella de un corazón que latía al compás del tuyo en el silencio del rumor de las olas, y brinda conmigo con un té en la mano por la vida que hemos perdido y no recordamos.
Sólo ese recuerdo muerto, el nuestro, perdurará en ese instante pasado y yerto.
Debes comprender que el tiempo pasa dejando heridas profundas, surcos que no se aprecian hasta que no caes en ellos, la memoria caprichosa elige el desdén muchas veces como única opción por eso yo te pido que vigiles mis desvaríos y no permitas que la distancia de la indiferencia nos aleje.
Llámame, búscame, sabes que estaré ahí para ti, o quizá esté aturdida y no te oiga, despiértame, oblígame a escucharte, por que debo hacerlo y lo sabes, sí, sabes tantas cosas que probablemente las hayas olvidado, no es posible retener tanta información inútil, que se acumula en los desvanes de los rincones abandonados.
Arráncame del pecho la pena, el ahogo, cúbreme de besos sinceros, u oblígame a caer ante tus pies y suplicarte un perdón que no te debo y que tampoco mereces.
Sé que estás cerca, se que me piensas, que me hablas desde tu almohada, que me sueñas con los ojos abiertos pero no me llamas
Sabes que te contesto desde un pliegue del alma que se quedó prendido al suelo que un día pisaste para después alejarte. Sabes que recuerdo tus manos en la penumbra de las mías asidas por algún misterio de la luna.
Recuérdame, que en tu pecho dejé la huella de un corazón que latía al compás del tuyo en el silencio del rumor de las olas, y brinda conmigo con un té en la mano por la vida que hemos perdido y no recordamos.
Sólo ese recuerdo muerto, el nuestro, perdurará en ese instante pasado y yerto.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada