... sea yo quien me de contra la pared. que comprenda de una vez por todas que nada de lo que haga valdrá la pena. deja que el dolor se diluya en mis venas y que la memoria se evapore en el vagar del tiempo. Deja que la pena se aburra de mí, que no haya nada que me observe o me recuerde.
Deja que sea yo la única culpable de todo, que sea yo la que supere lo que ni siquiera conozco, que vomite el hedor que otros me donan amablemente y sueñe que el mundo por fin es féliz.
Deja que el mar me envuelva en sus olas y que penetre en el alma herrabunda de una triste inocente que desea cargar todos los errores sobre sus espaldas.
Deja que mancillen mi cuerpo y golpeen mi cara, que pisoteen mis manos que destrocen mi cama, que apaleen mis sentimientos, déjalos, te aseguro que no siento nada.
Deja que viva hasta que la vida se acabe, deja que la muerte abomine de mi existencia, deja todo el sufrimiento libre e indicale mi casa, la puerta estará abierta y con gusto recibiré los pesares, los haré dueños de mi hogar, y seré la más eficaz casera que jamás hayan tenido.
Déjame pues tú sabes que si tú no estás cualquier cosa es soportable.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada