sábado, 31 de octubre de 2009

MI PRIMO Y YO (CUENTO HECHO REALIDAD)

Érase una vez que se era, una muchacha adicta a hablarle a las estrellas. Tenía un primo también algo aficionado a ponerles nombres y hablar con ellas. Ambos no se conocían ni de lejos, aunque eran familia más allá de los apellidos.

Una noche hablaba con las estrellas María, sin dirigirse a ninguna en especial, pero de repente observó una estrella fugaz que no se movía en línea recta, ni siquiera parecía que fuese a caer en cualquier momento, al contrario de lo que había observado hasta ahora , que no era poco, aquella estrella daba vueltas sin parar. parecía que quisiese llamar su atención.

Francisco a otro lado del país, volaba una cometa a altas horas de la noche. Tenía la rara habilidad de hacerlas volar sin gota de viento. En el pueblo todos lo tenían por loco, y él era feliz. Esa noche parecía jugar con ella, la alzaba cada vez más alto y ella ufana y presumida daba vueltas y más vueltas, haciendo círculos gigantescos como si se tratara de la más hermosa estrella que circundara el cielo, precisamente aquella noche que estaba totalmente plagado de ellas. Era una noche clara, sin luna ni viento.

María estaba en la azotea de su casa, echando de menos el mar, fiel compañero de juegos en la niñez y en la juventud, y ahora tan lejano. Las circunstancias de la vida la llevaron tierra adentro separando su corazón de lo que era su vida: el mar.

En esa clara noche sin luna plagada de estrellas, ella echaba de menos estar sentada a orillas de la costa, poniendo sus pies en el frescor de la arena mojada por la marea, y escuchar el suave rumor de las olas en sus oídos, despertando sus sentidos, y... ¡tantas otras cosas! que se le acababan las palabras sin empezar a pronunciarlas.

—¡Qué estrella más rara! —pensó para sí María—. ¿Cómo puede una estrella moverse así?
—Por que no es una estrella, María.
—¿Y entonces qué es?
—Es la cometa de Francisco. No es nada y sin embargo actúa como la reina de la noche.
—¿Francisco?
—Sí, tu primo.
—Yo no tengo ningún primo que se llame Francisco.
La estrella no contestó, sin embargo se puso a reír por lo bajo y poco a poco fue coreada por el resto de estrellas que estaban al alcance de dicha conversación.
—No os riáis tanto señoritas —dijo María con el dedo índice en alto, con gesto que quería ser amenazador— por que algún día os tendréis que comer vuestras palabras.
La carcajada fue sonora de una vez.

María imaginó esa cometa dando vueltas a la deriva, pero indudablemente 1200 km, como le había dicho las estrellas que se encontraba de distancia de su casa, era imposible que la pudiese ver.

Pero una idea absurda, por demás, le atacó la cabeza. ¿Y si fuese cierto? ¿ y si en realidad tuviese ella un primo tan lejano?

—Estrella fugaz, déjame que hable contigo —rogó en voz baja pero con toda la fuerza que le inspiró su corazón. Más nada aconteció. Nadie le respondió. El resto de estrellas casi dejaron de brillar por completo por su vergüenza y pena hacía María, aunque no fuese el causarle daño su intención.

—Cometa, haz un inciso en tu loco voltear y háblame de mi primo.

La cometa seguía su camino sin parar, sin contestar, y en su silueta se adivinaba una sonrisa malévola, intencionada y carente de compasión.

—María —habló una de las estrellas más cercana—, no pierdas tu tiempo en intentar hablar con una cometa. Es un ser inanimado, carente de vida, sentimientos y sentidos. Pregúntame a mí, y yo en lo que pueda te responderé.

Pero María seguía ensimismada siguiendo el juego de aquel astro caprichoso que rodaba y rodaba sin parar.
—¡María! —volvió a chillar la estrella—. Que no te escucha, que es una cometa. Por favor escúchame, yo te contestaré.



En la otra punta del país Francisco también pudo observar que el fulgor de las estrellas se debilitó de repente sin causa aparente. Pero una de las estrellas la más lejana a él brillaba con fuerza, como queriendo acaparar toda la atención. En un momento dado, se dio cuenta de que estaba o muy enfadada o muy preocupada. Su destello verde azulado, se convirtió de repente en rojo vivo. Le era imposible apartar su mirada de ella.

—Si pudiese hablar con ella, le preguntaría tantas cosas —se dijo asimismo.

—Tú eres como el anuncio de algo. Aún no sé si bueno o malo. Pero tú serás desde ahora la Estrella de mi Destino. Y cada noche te miraré y te preguntaré por lo que escondes, hasta que consiga saber lo que es.

—María, María. Hazme caso. Francisco sospecha lago y no me dejará en paz hasta que sepa la verdad. Es un hombre obstinado y quiere saber. Se ha fijado en mí, y yo soy tu estrella. La que vela por ti. Dime algo. Por favor…

—¿Por qué estás tan preocupada por mí y por ese tal Francisco? ¿Acaso no es mi primo, como tú bien dices? ¿Qué daño podría hacerme? —respondió finalmente María algo a la defensiva.

Pero a María le pudo la curiosidad.

—Dime, ¿qué es lo que quiere saber exactamente ese hombre? ¿Por qué te muestras asustada?

—María, Francisco acaba de nombrarme La Estrella de su Destino. Quiere saber por qué estoy enfadada, por qué me he puesto rojo fuego.

—¿Y, por qué estás de ese color? Es verdad no me había dado cuenta.

—Por que no me hacías caso. ¿Te vale esto?

—Estrella de mi Destino. No apagues tu fulgor rojo, si no ¿cómo quieres que te reconozca entre todas tus hermanas? —dijo al ver que la estrella recuperaba su color normal— Sabes de mis penas y de mis sufrimientos, pues a vosotras todo os cuento. Os bautizo desde que era niño, os observo pero nunca me respondéis. Dime estrellita, o al menos hazme una señal ¿Sabes algo de cómo irá lo mío?

La Estrella del Destino se apagó rauda, ante la imposibilidad de dar respuesta a Francisco, ella no sabía como comunicarse con él , pero se le ocurrió una gran idea. Las estrellas rigen el destino de los humanos, ella podría hacer que…

Si eso sería realmente genial. La noche siguiente lo pondría en marcha. Era simplemente un plan genial. No podía fallar.



2 comentarios:

Roberto dijo...

Hay sentido de la prosodia, eso es de agradecerse pero creo que la historia en algún momento se empantana, no sé, deja de haber acción y se va a las nubes. Habría que darle giros, no sé, por decirlo con glosa de guión cinematográfico.


Saludos,


R

marinera dijo...

Se admite la réplica caballero, todo es fruto de la poca motivación que tengo últimamente para escribir.
Siento mucho que hayas leído un texto tan malo, en mis propías palabras yo lo designaría como una puta mierda.
Besos y gracias por ser sincero.