Sí, has vuelto, y tu vuelta ha supuesto una gran emoción para mí, pero no puedo dejar de sentirme culpable por tu marcha, y quizá no tenga nada que ver, pero sí, algo tuve que ver con ello.
Tengo miedo de tu regreso, tengo miedo de no volver a verte otra vez, de hacerme ilusines banales. Es mucho el dolor que me supuso tu marcha de estas arenas, tanto que la alegría de volverte a ver no borra esa pena.
Además, me dejaste sola, sabiendo que yo no quería volver, y me animaste una y otra vez, al final para nada, ya no disfruto de este erial, hace mucho que no me dice nada, que me siento vacía y aburrida de leer siempre lo mismo,
Para un día que lo primero que no hice fue ir a tu blog a contemplar tus dudas en un adios escondido, vas tú y posteas. Me lo dijo mi niño, y tuve serias dudas si comentarte o no, al final sólo pude decirte lo que ya sabes, que te quiero, que te espero, que te esperaré siempre, aunque ya no esté aquí.
Después de todo sigo triste, sigo tensa, y no puedo quitarme esta sensación de ahogo que me impregna. Cuando leí tus palabras, y no voy a entrar en si están bien o mal escritas, me importa bien poco, me emocioné hasta el punto de casi llorar, lo que pasa es que ya sabes que me cuesta mucho llorar, bueno en realidad nunca he llorado, y quizá por eso me duele todo más.
Por eso te dedico este post, por que te considero mi amigo, por que te echo mucho de menos, y por que sigues siendo importante para mí.
Algún día nos veremos, cuando tú quieras
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada