martes, 14 de julio de 2009

JODER CON LOS PUTOS SUEÑOS

SABADELL; un día cualquiera. El coche de mi prima, música hausse o como coño se escriba, (no me gusta para nada). Me entretengo mirando por la ventanilla, observo a la gente, maquino historias de sus vidas sólo por la impresión que me causan. Me divierto. Mi prima me habla. No la escucho, no me interesa su vida.
Me llama la atención un tipo delgado lleva una camiseta amarilla, (hay que joderse, no me gustan esos colores tan llamativos, pero quizá eso buscaba mi subconsciente, que me fijase) en ella pone en grandes letras negras "busco a marinera".
Me da un vuelco el corazón, sé que es Martín, ¿pero por qué así?
-¡Para!¡Para, joder! -grito a mi prima con rabia.
Salgo del coche a toda leche, a mitad de frenada, casi me llevo la puerta.
-¡Martín!... -tras su mirada asustada y un tanto sorprendida proseguí -¿Eres Martín, no? ¿Y esa camiseta? -sigue mirándome extrañado y después de mi última pregunta incluso está sonrojado - Soy marinera, tío... ¿Me estás escuchando?
Su sorpresa es mayúscula, la mía también , pues hasta ese momento no era consciente de que estaba delante de él. No sabemos si abrazarnos, si besarnos, si darnos la mano, o qué hacer, así que simplemente lo hicimos todo de golpe sin premeditación alguna.
Con la efusividad del momento me besó en la boca, no me di cuenta, cuando lo volvió a repetir, yo me quedé rígida.
-No, Martín, esto no, esto no puede ser, somos hermanos, tío, ¡esto no, joder! -creo que me volví inesperadamente loca. No podía concebir eso entre nosotros, simplemente eso era imposible... ¡Eramos hermanos! No cabía un tipo de relación así entre nosotros.
Él me miró muy serio, no quise leer en sus ojos, no quise ver más allá, me di la vuelta, estaba roja de rabia, con los puños apretados.
-Ahora ya lo sabes -esas fueron sus palabras.
No pude reprimir una patada a la papelera próxima a mí, levanté los puños al cielo, implorando no se el qué, no quería volverme hacia él, si lo hacía corría el riesgo de enloquecer por completo y de hincharlo a golpes. Sé que no se hubiera defendido, no contra mí.
-Pero, ¿por qué? -bramaba desorbitada completamente-. ¿Por qué has dejado que todo este tiempo me culpase de tu desaparición, por qué has hecho esto conmigo? ¡Joder, joder , joder! ¡JO -DERRRRRRR! ¡Martín, no puedes haber hecho esto! ¡Díme que no, por favor!
-Era lo más fácil - lo dijo sin convicción.
Mi prima miraba la escena divertida, o no se daba cuenta de la situación, o simplemente le ponía eso de verme en acción y montando el circo, por que a todo esto la calle se llenó de mirones.
Me monté en el coche, lo miré, esta vez directa a la cara, sin abandonar sus ojos de los míos, ahora sabía que me acababa de mentir, yo seguía siendo la culpable.
El despertar ha sido duro de cojones, putos sueños de las narices.